Emprender
es una opción, más ahora que está difícil conseguir trabajo en empresas de
terceros y, como muchas otras cosas, se puede interpretar como un proceso.
Dicho
proceso tiene unas entradas, que podemos considerar que son: nuestra ilusión
por empezar un negocio, los medios que tenemos a nuestro alcance (financiación,
equipos y maquinaria, materiales, personas,…), una idea de producto o servicio
e información en diversas materias relevantes para la labor emprendedora
(fiscal, laboral, mercantil, contable, negocio,…).
Estas
entradas, también llamadas “inputs”, las podemos aportar todas nosotros, en
nuestra labor emprendedora, o bien podemos contar con la ayuda de un tercero.
Por ejemplo:
Le
pedimos asesoramiento en materia mercantil a un experto, para que nos asesore sobre
la mejor fórmula a la hora de constituir la sociedad que será el soporte de la
actividad a desarrollar, así como los acuerdos pertinentes con los socios (si
los hubiera).
Solicitamos
financiación a un banco o a un equipo de business angels, para poder hacer
frente a los gastos que supone el emprendimiento y el inicio de la actividad
empresarial.
La
idea puede ser original (algo novedoso), o bien, puede ser algo que exista ya
en el mercado y que lleve funcionando un tiempo. Por ejemplo, cuando los fundadores
de Google pusieron en marcha su buscador, ya había varias decenas de sitios
webs que ofrecían búsquedas en páginas web. Su idea existía (un buscador de
Internet), pero la evolucionaron hasta un punto diferente y que triunfó en el
mercado (anuncios patrocinados separados de los resultados).
Una
vez que tenemos todas las entradas necesarias para poder emprender, se necesita
un “disparador”. Es decir, es preciso ponerse en marcha y dar el paso. No todo
el mundo es capaz, no vale hacerlo de cualquier manera, pero hay quien se
atreve a hacerlo sin tener todos los “inputs” (entradas) necesarios y consigue
buenos resultados. Por ejemplo, hay quien emprende sin disponer apenas de
capital y confía en poder captarlo más adelante, cuando la idea sea ya una realidad,
o esté próximo a ello.
Una
vez que se pone en marcha el proceso, el esfuerzo y el sacrificio son las
constantes que la mayoría de los emprendedores dicen necesitar. Unas veces
sirven para sacar adelante el proyecto de empresa, otras veces no.
La
mente abierta y la capacidad de evolucionar, son otras de las capacidades y
palancas fundamentales en cualquier proyecto de emprendimiento. Quien le iba a
decir a Google que su sencillo buscador, que nación como una simple cajita y
una lista de resultados, iba a terminar convertido en una corporación gigante
con una gama de productos y servicios como la que ofrece en la actualidad, la
mayoría, además, sin coste para sus usuarios.
En
este sentido, yéndonos a un ejemplo más sencillo, podemos pensar que un restaurante
puede abrir pensando en que va a ofrecer comida todos los días de la semana y
luego resultar que su mercado es el del menú del día, para atender a
profesionales que comen fuera de casa, y eventos de empresa, para lo cual hará
falta capacidad de visión y transformación. La otra opción, la de empeñarse en
ir contra el mercado, puede ser muy peligrosa y llevar al cierre del negocio.
Mientras
el proceso de emprender sigue su curso, se irán produciendo una serie de
salidas o, como les gusta llamarle a muchos consultores, “outputs”. Estos son
fundamentales para la supervivencia del negocio a lo largo del tiempo, ya que
de ellos depende la viabilidad del mismo. No tiene sentido meter unos “inputs”
en un proceso para obtener como resultado “nada” a lo largo del tiempo. Pura
lógica.
El
primer output deseado es cerrar una venta con el primer cliente. Cuando digo
“cerrar”, me refiero a completar el ciclo de venta completo y, por tanto,
cobrar por nuestro producto o servicio. Automáticamente, en ese momento, se suele
disparar de manera incontrolable en el cuerpo del emprendedor otro “output”,
que es el de la “máxima satisfacción personal”.
Luego
van llegando más outputs, no sin sacrificio y esfuerzo, que ya dijimos que es
una constante: ingresos por ventas posteriores, nuevos clientes, personas que
se unen al equipo para generar más outputs, entre otros. También llegan outputs
en forma de obligaciones, como son el pago de impuestos, pagos a proveedores y
nóminas, la devolución del capital recibido para iniciar el proceso de
emprender, cumplir con los seguros sociales, entre otros. No todo iba a ser
derechos y beneficios.
Y
así, mientras le eficiencia del proceso de empresa sea la adecuada, es decir,
mientras las cuentas salgan, el proceso del negocio que se empezó desde cero,
sigue su curso. Una y otra vez, ejercicio tras ejercicio.
Conclusiones
Emprender
e iniciar un negocio no es fácil, se necesita tener una visión adecuada de lo
que ello supone. El esfuerzo y el sacrificio son necesarios, pero también una
visión global que contemple el punto de partida, los pasos a dar y los
objetivos y resultados deseados. Quien emprende sin tener esto claro, es como
el que sale al mar en un barco sin velas ni rumbo definido, quedando expuesto
al capricho de las corrientes y del viento, que acabarán llevándolo hasta
alguna tempestad que provoque su hundimiento.
También
es importante tener los pies en el suelo y ser realista, aunque nunca viene mal
soñar y pensar en que emprender es hacer algo grande. Lo es, claro que sí, pero
también es peligroso, si dejamos que los outputs generados nos cieguen y nos
hagan pensar que podemos conseguir cualquier cosa que nos propongamos. Todo
tiene un límite, la competencia reacciona o puede surgir, si no existiera, así
que no podemos creernos inmortales e inmunes. Torres más altas han caído.
La
mejor receta para empezar el proceso de emprender, es arrancar. Pensar en él
negocio, iniciando la generación de entradas o “inputs” y tenerlas a punto para
el momento en el que esté disponible el “disparador”. Nunca es tarde si la
dicha es buena, ni tampoco demasiado temprano, si la cabeza y las ganas
acompañan.



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