A pesar de que la mayoría de los consultores consideran
que la crisis es el mejor momento para adquirir una empresa en quiebra, la
incertidumbre y el cierre del grifo financiero frenan a los compradores. En
2010, la cifra de adquisiciones se mantuvo estable respecto al año anterior (se
cerraron alrededor de 2.300 operaciones), considerado el peor ejercicio. De
todas esas compras, el 74% afectaron a pequeñas firmas.
Enrique Quemada, consejero delegado de One to One Capital
Partners (firma que ha participado en más de 300 operaciones de inversión,
fusiones y adquisiciones) y autor del libro ¿Puedo comprarme una empresa? Yes
you can, insiste en que la recesión plantea el mejor escenario posible, ya que
muchas compañías están esperando una llamada de ayuda. Ahora bien, ¿qué pasos
debe seguir el emprendedor que quiera adquirir un negocio ya existente? Los
expertos lo explican:
¿Dónde
acudir?
"No existe una base de datos de empresas en
venta", señala Enrique Quemada. Sin embargo, es posible conseguir
información en bancos de inversión, asociaciones empresariales, gestorías,
sociedades de capital riesgo y, además, en muchas ocasiones la propia empresa
anuncia en Internet que está en venta. Quemada recomienda a los empresarios
interesados "que hagan un análisis personal y profesional sobre sus
capacidades; ello les permitirá reducir su foco de interés y facilitará el
proceso". Por su parte, Christophe Sougey, consejero delegado de Plimpton
322-Staci Ibérica, recomienda que el empresario busque opciones dentro de sus
posibilidades. "Es conveniente visitar compañías que necesiten mejorar su
imagen, su trabajo y su posicionamiento".
Perfil
del comprador:
No hay un perfil determinado, aunque la tendencia resulta
más atractiva para directivos conocedores de este tipo de operaciones. Este
colectivo sabe dónde tiene que buscar y cómo convencer o relacionarse con los
miembros de la compañía en venta. En muchos casos, éstas son sociedades cuyos
propietarios superan los 70 años y que se encuentran con que sus hijos no
quieren continuar con el negocio familiar. Ese relevo puede producirse con un
emprendedor externo, según explica Quemada: "Muchos jóvenes preparados
pueden coger el relevo de estas empresas obsoletas, ayudándolas a
internacionalizarse".
Analizar
la empresa objetivo:
Antes de empezar a buscar financiación, es imprescindible
analizar bien la empresa en venta. "Es necesario hacer un análisis previo
de la compañía, porque luego los problemas te los quedas tú", cuenta el
asesor de One to One Capital Partners. Se debe investigar la empresa con
dedicación, conocer cada uno de los pasos de la compra e intentar no enamorarse
de la compañía antes de tiempo, algo que les ocurre a muchos inversores. Es
fundamental tener la cabeza fría. También debe analizarse el coste de
integración de los trabajadores (a través, por ejemplo, de cursos de
formación). "La transparencia es fundamental; sin ella no hay
compra", señala Christophe Sougey. Es conveniente acudir a asesores
profesionales que le guíen a lo largo de todo el proceso, ya que muchas
compañías intentarán ocultar sus deudas.
Búsqueda
de financiación:
Muchas empresas cargan con una deuda importante pero,
según Enrique Quemada, "si llegas a los bancos e inversores con una idea
innovadora y prometes cumplir con los pagos, éstos apostarán por ti". No
obstante, también existen ayudas públicas del Instituto de Crédito Oficial
(ICO) en las diferentes comunidades autónomas.
Una
vez en la empresa:
Una vez que se ha cerrado la negociación y el comprador
aterriza en la compañía, la transparencia sigue siendo un factor clave: es
preciso explicar a los empleados los pasos que se van a dar e incluso hacerles
partícipes del proceso. Un error frecuente es no tener en cuenta el choque
cultural que pueden vivir los trabajadores. La fase de integración es
fundamental para tener éxito. "En una ocasión, me ocurrió que un empleado
rechazaba mi presencia en la empresa. La colaboración del anterior dueño fue
crucial", explica Luis Martín Cabiedes. También
es importante realizar un
inventario de los clientes de la empresa.
Fuente: El Economista



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